La recuperación de una adicción es un camino lleno de retos, pero también de oportunidades para reconstruir la vida desde nuevas bases. La espiritualidad, en cualquiera de sus expresiones, ofrece sentido, apoyo y fortaleza interior que potencian los tratamientos clínicos y aumentan las probabilidades de éxito a largo plazo.
En definitiva, la sobriedad no se trata solo de dejar atrás la adicción, sino de descubrir aquello que da sentido a seguir adelante: un propósito, un vínculo o una fuerza interior que acompañe cada paso del camino.